Le ardían las venas y su mente estaba
confundida; prendió un cigarrillo y camino, nadie lo detuvo, dejo el lugar
donde pensó que se curaría sin que nadie lo notara.
Regreso a la ciudad donde estaban los que
le importaban, pero el quería estar solo. Recorrió las calles que no lo
comprendieron, quitándose el ardor de sus venas y la sed de su garganta.
Lo buscaban, pero este era su juego, nadie ganaría más que él.
Se escondió donde nunca lo buscarían, tan cerca de ellos como su sombra. Tenía
tanto alucinaciones liquidas en las venas que ya no podía pensar. El dolor no
se iba, incluso se volvió más fuerte.
Los demonios regresaron, pero esta vez el ya no podía y ya no
queria defenderse, y se despidió en una nota…

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